Sin importar el origen de tales afirmaciones, fuerza es destacar que encierran una admirable racionalidad, robustecida por venir de una persona que de su lucha armada hizo su vida. Sostiene del Barco, que el camino no es tapar, como afirma Juan Gelman.
Es lógico que éste se atreva a efectuar tal afirmación puesto que fue un jerarca guerrillero que actuó en Montoneros. Al leer tales declaraciones, no podía creer lo que leía ya que no es usual encontrar pensamientos tan profundos, incluso en intelectuales de izquierda que actuaron en la guerrilla.
Su sinceridad intelectual lo impulsa a afirmar, sin cortapisas, justamente ahora que varios militares están esperando en la República Oriental del Uruguay, ser extraditados a la Argentina para ser juzgados por el secuestro de la hija de Juan Gelman que “… para comenzar, él mismo (que padece el dolor insondable de tener un hijo muerto, quien, debemos reconocerlo, también se preparaba para matar) tiene que abandonar su postura de poeta-mártir y asumir su responsabilidad como uno de los principales dirigentes de la dirección del movimiento armado Montoneros. Su responsabilidad fue directa en el asesinato de policías y militares, a veces de algunos familiares de los militares, e incluso de algunos militantes montoneros que fueron ‘condenados’ a muerte. Él debe confesar esos crímenes y pedir perdón, por lo menos, a la sociedad. No un perdón verbal sino el perdón real que implica la supresión de uno mismo. Es hora, como él dice, de que digamos la verdad. Pero no sólo la verdad de los otros sino ante todo la verdad ‘nuestra’.”.
Es de destacar que tales palabras, que me he permitido transcribir literalmente, corresponden no a un observador ajeno a los eventos narrados, sino a uno de los principales participantes de los acontecimientos. A un luchador que usó las armas y que demuestra, de esta forma, su arrepentimiento por su anterior conducta. Algo inusual que merece todo mi respeto.
El análisis que hace de la conducta de Gelman evita que tengamos que sostener algo mas, creo que es innecesario y me remito a tales manifestaciones. Refiere del Barco que le llama la atención, que Gelman considere que los únicos asesinos son los militares que actuaron durante el Proceso de Reorganización Nacional, y se interroga a sí mismo sobre cual es el motivo que Gelman se excluya y excluya a todos los guerrilleros que lo acompañaron en los acontecimientos vividos durante la lucha armada. Señala que no es dable evadir la responsabilidad en el asesinato de militares, policías y algunos familiares de ellos haciendo parecer que los únicos asesinos fueron los militares dejando de lado la responsabilidad de los integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo y los Montoneros. No deja de lado del Barco, la acusación a los militares de haber practicado Terrorismo de Estado, pero sin dejar de reconocer que ellos también hicieron lo mismo. “Hay que denunciar con todas nuestras fuerzas el terrorismo de Estado, pero sin callar nuestro propio terrorismo.”
Es lógico que éste se atreva a efectuar tal afirmación puesto que fue un jerarca guerrillero que actuó en Montoneros. Al leer tales declaraciones, no podía creer lo que leía ya que no es usual encontrar pensamientos tan profundos, incluso en intelectuales de izquierda que actuaron en la guerrilla.
Su sinceridad intelectual lo impulsa a afirmar, sin cortapisas, justamente ahora que varios militares están esperando en la República Oriental del Uruguay, ser extraditados a la Argentina para ser juzgados por el secuestro de la hija de Juan Gelman que “… para comenzar, él mismo (que padece el dolor insondable de tener un hijo muerto, quien, debemos reconocerlo, también se preparaba para matar) tiene que abandonar su postura de poeta-mártir y asumir su responsabilidad como uno de los principales dirigentes de la dirección del movimiento armado Montoneros. Su responsabilidad fue directa en el asesinato de policías y militares, a veces de algunos familiares de los militares, e incluso de algunos militantes montoneros que fueron ‘condenados’ a muerte. Él debe confesar esos crímenes y pedir perdón, por lo menos, a la sociedad. No un perdón verbal sino el perdón real que implica la supresión de uno mismo. Es hora, como él dice, de que digamos la verdad. Pero no sólo la verdad de los otros sino ante todo la verdad ‘nuestra’.”.
Es de destacar que tales palabras, que me he permitido transcribir literalmente, corresponden no a un observador ajeno a los eventos narrados, sino a uno de los principales participantes de los acontecimientos. A un luchador que usó las armas y que demuestra, de esta forma, su arrepentimiento por su anterior conducta. Algo inusual que merece todo mi respeto.
El análisis que hace de la conducta de Gelman evita que tengamos que sostener algo mas, creo que es innecesario y me remito a tales manifestaciones. Refiere del Barco que le llama la atención, que Gelman considere que los únicos asesinos son los militares que actuaron durante el Proceso de Reorganización Nacional, y se interroga a sí mismo sobre cual es el motivo que Gelman se excluya y excluya a todos los guerrilleros que lo acompañaron en los acontecimientos vividos durante la lucha armada. Señala que no es dable evadir la responsabilidad en el asesinato de militares, policías y algunos familiares de ellos haciendo parecer que los únicos asesinos fueron los militares dejando de lado la responsabilidad de los integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo y los Montoneros. No deja de lado del Barco, la acusación a los militares de haber practicado Terrorismo de Estado, pero sin dejar de reconocer que ellos también hicieron lo mismo. “Hay que denunciar con todas nuestras fuerzas el terrorismo de Estado, pero sin callar nuestro propio terrorismo.”






















