jueves, junio 22, 2017

Capítulo 942 - Algunos otros ejemplos de numerosos actos de clemencia a condenados criminalmente.











(continuación) 
El último juicio a una supervisora se celebró en 1996. La antigua Aufseherin Luise Danz, que trabajó como supervisora desde enero de 1943 en Plaszow, y después en Majdanek, Auschwitz-Birkenau y en el campo secundario de Ravensbrück en Malchow como Oberaufseherin, fue juzgada en el primer juicio de Auschwitz y sentenciada a cadena perpetua en 1947.

En 1956, fue liberada por buen comportamiento. En 1996, fue de nuevo juzgada por el asesinato de una joven en Malchow al final de la guerra. El médico que supervisaba el juicio confirmó a la corte que los procedimientos no podían ser sostenidos debido a la avanzada edad de la acusada y todos los cargos fueron retirados.

A fecha de 2011, Danz sigue viva a la edad de 94. Por cierto que no podemos imaginar que en la Argentina un Tribunal Oral reacciones de tal suerte, que se respeten puntillosamente los derechos de los acusados. Sus derechos humanos. Salvo que sólo los detenten ciertos individuos, pertenecientes a una raza de pillos, conocida por sus resultados: la muerte.

En 1996, una historia irrumpió en Alemania sobre Margot Pietzner (nombre de casada Kunz), una antigua Aufseherin de Ravensbruck, del subcampo de Belzig y de un subcampo en Wittenberg. Originalmente fue sentenciada a muerte por un tribunal soviético pero le fue conmutada la pena por cadena perpetua y finalmente liberada en 1956.

A principios de la década de 1990 a la edad de setenta y cuatro años Margot recibió una compensación de 64.350 marcos (32.902 euros) por recibir la consideración de "víctima de Stalin". Algunos historiados argumentan que mintió y no es merecedora de esa compensación económica, y recuerdan que sirvió brutalmente como personal en tres campos de concentración. (…)”.


Destacamos también el caso del Coronel de la S.S. Martín Sandberger,  condenado a muerte en Nuremberg después de la guerra, en 1948 y liberado en 1958, falleció el 30 de marzo de 2010. Sin expresar el pesar más leve arrepentimiento.  Murió plácidamente a los 98 años. Según los historiadores era el oficial nazi de más alto rango cuando murió.  

Este abogado excepcional, era un devoto ardiente de la ideología Nacional Socialista, había rehecho su vida sin que lo molestara la Justicia. El semanario Dier Spiegel señaló que fue un símbolo de las contradicciones existentes en esa época en Alemania, con relación a los juicios a los criminales de guerra. Se le imputaba ser el responsable de matar a miles de judíos, gitanos y comunistas de Estonia, entre 1941 y 1943.  De allí la extrañeza que causó que se le haya conmutado la pena de muerte por la de prisión perpetua.

En 1958, recuperó su libertad, por decisión del Consejo de Libertad condicional,
1.    Gracias también,  a la movilización a su  favor de varias figuras principales de la política alemana: Theodor Heuss, presidente de la República federal y un amigo de su padre Carlo Schmidt, Vicepresidente del Parlamento y antiguo profesor en Tübingen Sandberger; Gebhard Müller, Presidente de Ministro de Baden-Wurtemberg. Después de su liberación, Sandberger es contratado como abogado para la empresa Lechler, especialista de tecnología de rocío, él se hizo uno de los líderes. Esto se terminó con la Justicia. En 1970, el Centro Nacional para la investigación de crímenes de guerra Nazis en Ludwigsburg intenta volver a abrir su caso. En vano: el abogado Sandberger, Fritz Steinacker, el antiguo defensor del pérfido Josef Mengele, el doctor Auschwitz, argumentó que su cliente ya ha sido juzgado y condenado. La apertura de archivos en los países de Europa del Este en los años 1990 y el descubrimiento de nuevos elementos no cambiará nada.

Nos llama la atención que ciertos magistrados, imbuidos de una soberbia cuyo origen desconozco, no tienen la humildad de los grandes, lo que surge a través de su actuación en las diversas causas que tramitan ante su juzgado. Un ejemplo que viene a mi memoria es el caso de Santiago Bryson de la Barra et al. En trámite ante la Justicia del Perú. Antes de calificar la conducta imputada al referido, el magistrado se empapó de todos los antecedentes del tipo y no se dejó llevar por la tentación de hacer, como algunos jueces de la Argentina que usan habitualmente el cortar y pegar, lo que le era más cómodo en su augusta tarea de administrar justicia. Adquirió los elementos de convicción necesarios, a fin de valorar la conducta que examinó, y recién después se enroló en uno u otro sentido.

Por escrito de fecha 7 de Junio de 2011, la Corte Constitucional de Perú solicitó a la Comisión de Venecia una carta amicus curiae sobre el caso de Santiago Bryson de la Barra et al. (Caso No.1969-2011-PHC/TC) relativa al castigo de crímenes de lesa humanidad. La Corte Constitucional de Perú presentó tres preguntas a la Comisión:

a. ¿Qué precedentes jurisprudenciales sobre crímenes de lesa humanidad han sido originados por otros tribunales u órganos constitucionales similares?

b. ¿Cómo se han definido y establecido los crímenes de lesa humanidad?

c. Con base en los precedentes jurisprudenciales, ¿qué tipos de hechos se han considerado como constitutivos de crímenes de lesa humanidad?

(Confr. Estrasburgo, 24 de octubre de 2011 CDL.AD –Estudio 634/2011. “Comisión Europea para la Democracia a través del derecho (Comisión de Venecia) Amicus Curiae in re de Santiago Brysón de la Barra Et Al (Sobre crímenes de lesa humanidad) para la Corte constitucional del Perú”. Adoptado por la Comisión de Venecia en su 88ª reunión (Venecia, 14-15 de octubre de 2011).  Los integrantes de la Corte Constitucional del Perú nos dieron un ejemplo de humildad, al apelar a dar este pequeño paso, que esconde una grandeza y sinceridad intelectual inusual.

Como ya hemos mencionado en el Capítulo 753, en el caso de la rebelión del conjunto carcelario El Frontón, sito en Perú, evento que fuera calificado como delito de lesa humanidad, la justicia peruana apeló a los buenos oficios de la “Comisión Europea para la Democracia a Través del Derecho”, conocida también como “Comisión de Venecia”. Al evacuar la consulta, en tal carácter, presentó ante la justicia una suerte de estudio, relacionado con ciertos puntos conflictivos, en torno a la interpretación que la justicia, en general, da al delito de lesa humanidad.
El caso precedente y el del Ataque al Cuartel de La Tablada, y sus secuelas jurídicas tienen un inapreciable valor jurídico que, posiblemente, no ha sido cuantificado a la fecha. En efecto, en el primer caso se pone de relieve que no todo lo que reluce es oro, y que es muy usual el confundir ciertos eventos gravísimos, con un delito o crimen de lesa humanidad. El extremo lo constituye el ánimo retaliativo ideológico.

Sin importar la justicia o no del pronunciamiento, el juez se vale de esta figura internacional, a fin de tener al encartado privado  “legalmente” de su libertad, hasta que es liberado por la muerte o por le revisión de lo actuado. Todo en el augusto nombre de la “justicia” con minúscula.  

Nadie nos ha señalado, ningún juez lo hizo, qué actividad perquisitiva empleó, a fin de averiguar qué norma internacional convencional o consuetudinaria regía, para la época del hecho delictivo internacional que está juzgando.


Motiva tal afirmación, la circunstancia de que no es usual que aparezca la palabra “Normas” en alguna resolución de un magistrado. avocado a la valoración de probanzas adquiridas en causas, donde se califica el hecho como delito internacional. Tampoco se cita a distinguidos investigadores del tema, integrantes o colaboradores del C.I.C.R.

De seguro ni oyó nombrar al Comité Internacional de la Cruz Roja y, por cierto, supone seguramente que esta institución, no tiene nada que hacer en esta labor jurídica. Es de advertir que, en ocasiones, el odio obnubila la mente del juzgador, y si ello es incierto o una exageración, no lo parece, ya que los fallos judiciales deben ser equitativos y justos pero, sobre todo, parecer que se han reunido ambas exigencias.

En nuestro país, el caso del Ataque a La Tablada, llegó a los estrados judiciales como la comisión de delitos federales, previstos y penados en el código de fondo en la materia.

Hemos citado, en numerosísimas ocasiones que existen en doctrina, múltiples y variadas teorías sobre si un grupo de  civiles que decide atacar a tropas leales, en un país cualquiera, como en este caso en que se atacaron instalaciones militares del Cuartel de tropas argentinas, es motivo suficiente como para que se apliquen las disposiciones del artículo 3 Común.


Observamos que sería sumamente ingenuo quedarnos allí, en este interrogante, al parecer sin respuesta. En la Argentina, muchos se suman a la singular teoría de que solamente pueden cometer delitos de lesa humanidad quienes dependen funcionalmente de un Estado. Procediendo como hacíamos en el colegio secundario, en matemática, si conjugamos un teorema, a través de una afirmación ideal, inexistente, podríamos llegar a un punto real y existente. En materia jurídica no es usual explorar este campo ya que, por lógica, está en juego la libertad. No sólo la del subversivo que atacó, sino eventualmente, la de los militares que defendieron y repelieron la agresión que sufrían.  

Capítulo 941 - Diversos casos que finalizaron con la aceptación del pedido de clemencia.








 (continuación)
Pasemos al proceso judicial tramitado por la Masacre de Malmedy, conocido oficialmente como Caso 6-24 “EEUU vs. Valentín Bersin et al” (http://www.forosegundaguerra.com/viewtopic.php?t=12442) Este juicio merece una singular atención, ya que se distingue por la presencia del estrépitu fori. Señala la web que, tuvo lugar en Dachau entre los días 12 de mayo de 1946, fecha en que comenzó el proceso, y 16 de julio de 1946, fecha en que se leyeron los veredictos.

En Dachau se celebraron, simultáneamente a los “Juicios de Nuremberg”, los “Juicios de Dachau”, conducidos por militares estadounidenses contra los administradores y guardias de los campos de concentración alemanes. Por ello, los juicios contra criminales de guerra alemanes, como el de Malmedy, que se celebraron en Dachau también se engloban a menudo dentro de los “Juicios de Dachau”.

En ese juicio se acusaron a varios miembros de las Waffen SS (73 miembros, para ser exactos) del asesinato de varios prisioneros de guerra estadounidenses (80, para ser exactos) en la encrucijada de Baugnez el 17 de diciembre de 1944 durante la contraofensiva alemana de las Ardenas. Esos hechos se conocieron como la “Masacre de Malmédy”. (…)

Creemos que nunca se sabrá qué sucedió realmente en aquel fatídico día de diciembre de 1944, pero independientemente de que allí se asesinaron efectivamente a varios prisioneros de guerra estadounidenses,
la investigación y el proceso judicial que siguieron tras la guerra para esclarecer y castigar a los autores de esos crímenes no contribuyeron precisamente a fortalecer la honorabilidad de la justicia militar americana, sino todo lo contrario: sirvieron para provocar finalmente un gran debate a ambos lados del Atlántico, tanto en la arena pública como en la política, y dejaron en entredicho las investigaciones y procedimientos judiciales del U.S. Army.

Muy someramente, puede asegurarse que los interrogatorios pre-judiciales seguidos por la administración militar estadounidense contra los acusados alemanes estuvieron acompañados de prácticas muy propias de los regímenes totalitarios, pero totalmente inaceptables para un régimen democrático como el estadounidense. El maltrato a los prisioneros, el aislamiento inhumano, la desnutrición conscientemente provocada, los juicios falsos y una larga serie de prácticas contrarias a la ley para poder obtener declaraciones y confesiones de los acusados no pudieron finalmente ser encubiertas por quienes las habían fomentado o permitido previamente.

El mismo juicio hubo de reconocerse como impropio, y al final –con ambiciones políticas personales y juego diplomático internacional de por medio- todas las sentencias de muerte hubieron de ser conmutadas a penas de prisión de por vida, y, finalmente, ninguno de los acusados llegó a cumplir completamente su sentencia. La composición del tribunal militar, los comités y subcomités que se crearon para revisar todo el proceso forman parte de esta historia confusa y laberíntica.

Hemos leído varios libros sobre los juicios de Dachau, pero ninguno de ellos presenta un estudio tan riguroso, agudo e inteligente como el de Frank M. Buscher, The U.S. War Crimes Trial Program in Germany, 1946-1955 (Greenwood Press, 1989), donde realmente se ponen de relieve en su justa medida todas las miserias y virtudes del mundo del poder durante esa etapa de la historia.”.

Una vez terminada la guerra en Asia, el 15 de agosto de 1945, el ejército de los Estados Unidos ocupó la totalidad de Japón y gran parte de las antiguas colonias asiáticas de este país. Desde ese momento se inició la persecución y detención de los altos miembros del Estado y Ejército nipón. En paralelo con el circense Juicio de Nuremberg, se constituyó un Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente, con el fin de juzgar a los imputados de los supuestos crímenes recogidos en el Estatuto o Carta de Londres del 8 de agosto de 1945.
Las condenas a muertes fueron ejecutadas por ahorcamiento en la Prisión Sugamo en Ikebukuro, el 23 de diciembre de 1948.
En 1950 es indultado Shigemitsu Mamoru, quien se convertiría nuevamente el año 1954 en ministro de Relaciones Exteriores. En 1955 se perdonó a los que se encontraban cumpliendo sentencia, los que salieron en libertad aquel año, salvo Koiso, Shiratori, y Umezu que murieron de causa natural en la prisión. Varios de los condenados en este proceso se encuentran enterrados en el Santuario Yasukuni, en Tokio.

Finalmente, no podemos dejar a un lado, el caso de los diversos juicios criminales seguidos a quienes fueron guardianas de campos de concentración nazis. Debemos señalar que se han encontrado casos de aplicación de clemencia, en las condenas que ellas sufrieron oportunamente.(https://es.wikipedia.org/wikuardianas_en_campos_de_concentraci%C3%B3n_nazis). Se trata de juicios que se siguieron, por violación a los derechos humanos, por parte de   quienes se desempeñaron como guardianas en diversos campos de concentración. 

lunes, junio 19, 2017

Capítulo 940 - Actos de clemencia finalizada la II Guerra Mundial











(continuación)
“Algunos de ellos eran buscados como criminales de guerra, por lo que se les proporcionó identidades y documentos nuevos. Mientras los americanos siguieran bien provistos con aquel material, no deseaban saber demasiados detalles, cuando, además, las preguntas hubieran podido ser demasiado comprometidas. Gracias a sus antiguos colaboradores y al dinero americano Gehlen consiguió tanta influencia que, finalmente, el posterior gobierno alemán no tuvo otro remedio que aceptar la ORG como servicio secreto oficial.”
Se advierte que la justicia para juzgar a los criminales de guerra, en esos tiempos,  no fue del todo coherente, ya que las potencias aliadas hicieron la vista gorda, cuando la ocasión fue propicia. Pero ésa es otra historia.
A mayor abundamiento vemos que aún más problemático que la ORG fue la presencia de los colaboradores e informantes libres contratados por los servicios americanos y a quienes protegían de la ley. El caso más conocido fue el de jefe de la Gestapo de Lyon, Klaus Barbie. Escapando de sus perseguidores franceses, Barbie se había esfumado en Alemania, donde también era buscado por el CIC.
Sintiéndose cada vez más acorralado ofreció sus servicios a un departamento del CIC, que lo ocultó de sus perseguidores. Gracias a sus buenos contactos, pronto dirigió algunas redes de espionaje en Francia, Rumanía y Alemania. Solo cuando los rumores de sus actividades se extendieron y cuando Francia exigió su extradición, el CIC le privó de su protección. 

Los americanos, que no tenían ningún interés en que salieran a la luz detalles de esta colaboración, enviaron a Barbie a la Argentina bajo el nombre de Klaus Altmann. No era un caso único. Los servicios secretos occidentales contrataron miles de criminales de guerra buscados por la justicia. Los propios americanos habían creado una vía secreta de evacuación para los casos más problemáticos, la llamada «ruta de las ratas». Con papeles falsificados y muchas veces en uniformes americanos, los fugitivos fueron transportados a través de la frontera italiana, donde con la discreta ayuda del Vaticano fueron conducidos por Génova hasta Nápoles, y desde allí en barco al seguro refugio de América Latina”.

Señala “DW” http://www.dw.com/es/eeuu-protegi%C3%B3-a-criminales-de-guerra-nazis-confirman-archivos-de-cia/a-6326914 que “Los archivos desclasificados de la CIA y del Ejército estadounidense confirman que, luego de concluida la II Guerra Mundial, oficiales de inteligencia de las Fuerzas Aliadas protegieron a nazis y criminales de guerra a cambio de cooperación.
“Indudablemente, el comienzo de la Guerra Fría trajo consigo nuevas funciones para los servicios de inteligencia estadounidenses, nuevas prioridades y también nuevos enemigos. Había menos presión por arreglar cuentas con los alemanes o con los colaboradores del régimen nazi. En ciertos casos, hasta parecía contra productivo”, se lee en el informe publicado por el Archivo Nacional de los Estados Unidos.”

“El informe lleva el título de “Las sombras de Hitler: criminales de guerra nazis, los servicios de inteligencia estadounidenses y la Guerra Fría”, y se basa en información clasificada existente hasta el 2005 y publicada en el Acta de Divulgación de Crímenes de Guerra Nazis, en un esfuerzo del Gobierno de Washington por esclarecer sus propias actitudes. El contenido de la publicación echa luz sobre una cantidad de ex miembros de las SS y de la GESTAPO que huyeron de la justicia con el conocimiento y hasta con ayuda de los EE. UU.”

Rudolf Mildner, por ejemplo, fue inicialmente arrestado en una operación que buscaba a nazis que habrían liderado un grupo clandestino de resistencia nazi. Las autoridades sabían que Mildner había sido miembro de la Gestapo durante un largo tiempo, pero nunca lo presionaron para obtener detalles de los crímenes perpetrados por esa organización contra los judíos o contra otras minorías. Fue detenido e interrogado en Viena, y los oficiales estadounidenses lo calificaron de “muy confiable y cooperativo”.

Al analizar más detalladamente el pasado, sin embargo, se comprobó que Mildner había ordenado la ejecución de entre 500 y 600 ciudadanos polacos en el campo de concentración de Auschwitz. Confrontado con esas acusaciones, Mildner confesó. En el informe se indica que trató de racionalizar sus actos alegando que “los alemanes tuvieron que hacer esas cosas en Polonia y Silesia para preservar el orden y prevenir sabotajes”.

Más tarde, países como Gran Bretaña y Polonia solicitaron la extradición de Mildner. Pero, de acuerdo con el informe, “perseguir y castigar a criminales de guerra no era una alta prioridad en el Ejército a fines de 1946.”

Mildner se prestó a declarar contra el jefe de la Central de Seguridad del Tercer Reich (RSHA), Ernst Kaltenbrunner, durante los juicios de Núremberg, por lo cual se lo liberó en 1949. Así, Mildner pudo huir y su paradero es desconocido hasta hoy.

El material recientemente revelado también arroja luz sobre los planes de la Alemania nazi para Oriente Próximo, donde el liderazgo nazi estableció vínculos estrechos con el gran muftí de Jerusalén, Haj Amin al-Husseini.


Husseini recibió sustancial apoyo económico y logístico de la Alemania nazi con el objetivo de utilizarlo para controlar a los palestinos una vez que Alemania hubiera derrotado a Gran Bretaña en Cercano Oriente. Lo que unía a Husseini y a Berlín era considerar a los judíos su enemigo común.

lunes, junio 12, 2017

Capítulo 939 - En la década del 60 en Alemania, los crímenes de guerra prescribían a los 20 años.





(continuación)
Fue dable advertir, desde el inicio de la investigación del TMN, que los jueces no se encontraban enconados contra los acusados. No se advierten sino rasgos de evidente equidad y de justicia, adecuada a su sagrada misión de administrarla.   En los casos que hemos inspeccionado, se advierten las huellas más objetivas posibles, ya que no se nos oculta que tendrían derecho los magistrados a dejarse llevar por las bajas pasiones humanas, que puede horadar la justicia verdadera.

Examinando los casos de algunos condenados penalmente por el Tribunal Militar de Nuremberg, hemos podido encontrar no uno, sino muchísimos casos en que se condena al infractor y, a los años es liberado, por diferentes razones.

En el caso de Konstantin von Neurath, condenado a cumplir 15 años de pena de cárcel, fue liberado en 1954. Anteriormente su hija Winifned von Mackensen dirigió una petición de clemencia al generalísimo Joseph Stalin, pidiéndole que tuviera compasión de su progenitor. No fue contestada.
El Gran Almirante Erich Raeder fue liberado el 26 de septiembre de 1955. Fue el hombre que dirigió la reconstrucción de la marina de guerra alemana. Viviría luego 5 años, ya que falleció el 6 de noviembre de 1960 a los 84 años de edad.

Walter Funk fue liberado en 1957. Joseph Dietrich fue condenado por el TMI en 1946 a una pena de 25 años de prisión. Fue amnistiado 9 años más tarde. Otto Dietrich, fue condenado en 1949 a cumplir la pena de 7 años de prisión y fue amnistiado 1 año después. Todas las penas capitales dictadas por el tribunal de Dachau son conmutadas por cadena perpetua

El máximo responsable, Joachim Peiper, permaneció encarcelado en la prisión de Schwäbisch hasta el 22 de diciembre de 1956. Destacamos que Peiper no cumplió la totalidad de la pena ya que fue liberado por el tribual con alrededor de 10 años de prisión cumplidos.

Otro caso, conocido como la Masacre de Oradour sur Glene, Francia ocupada,  ocasión en que fuerzas de la S.S. detuvieron a los habitantes de allí, hombres y mujeres e incluyendo algunos niños a los que quitaron la vida mediante armas de fuego e incendio. A los hombres los asesinaron alevosamente a tiros de ametralladora y pistolas mientras que las mujeres, jóvenes o ancianas, y los niños fueron encerrados en la iglesia del pueblo, que fue objeto de bombas incendiarias, que causaron en total 642 personas asesinadas. El principal acusado fue el oficial de las S.S. Heins Barth, que para esa época contaba con 23 años. Indiscutiblemente Barth, entre otros delitos cometió el delito de lesa humanidad.

Recién en 1983 fue condenado a la pena de prisión perpetua la que no se cumplió, ya que, en 1997 quedó libre por acto de clemencia. O sea que cumplió detenido 14 años.

El diario argentino Clarín, con fecha 20 de octubre ppdo. nos señala parte de la realidad, en Alemania. Hace referencia, en una investigación a fondo, a través de los años, con relación a los nazis y a su posterior destino, el que precisamente en ciertos y determinados casos, no fue la cárcel. Refiere el matutino: “El ministerio de Justicia alemán hurgó en su pasado y encontró que, hasta entrada la década del 70, entre sus funcionarios más importantes había un alto número de antiguos nazis, incluso algunos que habían ordenado ejecuciones y saqueos a judíos, participado en la administración de las leyes raciales hitlerianas o colaborado en la planificación del Holocausto”. Se trataba de imputados de delitos de lesa humanidad.

“Los datos surgen del estudio bautizado “El Acta Rosenburg”, que la propia cartera de Justicia encargó a expertos independientes hace cuatro años y que el ministro Heiko Maas (socialdemócrata) presentó ayer en Berlín. Según el informe, casi ocho de cada diez altos funcionarios del ministerio de Justicia de la Alemania Occidental eran en 1957 antiguos nazis, una proporción mucho más alta de lo que se suponía hasta ahora.”

“El acta Rosenburg” (por el edificio que albergaba al ministerio de Justicia en la posguerra en Bonn) menciona algunos casos notorios, como el de Franz Massfeller, responsable en 1945 del “derecho de Raza y de Familia” en el ministerio de Justicia del Reich. El funcionario hitleriano participó incluso en las reuniones en las que se planificó la aplicación de lo decidido en la Conferencia de Wannsee, es decir, la “solución final sobre los judíos”, el genocidio nazi. Massfeller fue hasta 1960 consejero del ministerio y jefe del departamento de Derecho de Familia. Otro caso increíble es el de Max Merten, quien entre 1942 y 1945 había sido director del ente “Administración y Economía”, encargado de saquear y deportar a más de 50 mil judíos de Tesalónica, Grecia. Esto no impidió que en 1952 fuera “jefe de ejecuciones judiciales” del ministerio de Bonn.
“La continuidad de este personal afectó y demoró el nuevo comienzo democrático”, destacó el ministro de Justicia Heiko Maas ayer, en Berlín. Desde 1950, el ministerio tenía incluso un “departamento central de asistencia judicial” que apoyaba a los alemanes denunciados ante tribunales extranjeros por crímenes de guerra o crímenes nazis. Este departamento fue trasladado al ministerio de Relaciones Exteriores en 1953.” (…)
“Incluso en 1968, en plena efervescencia de las protestas estudiantiles, el funcionario judicial Eduard Dreher logró que los crímenes nazis prescribieran a los 15 años, en vez de 20 como hasta entonces.”
No podemos pasar por alto, la circunstancia de que en Alemania el máximo exigido por la ley local, para que prescriban los crímenes de guerra ascendía, en esa época,  a 20 años, disminuyéndose el tope, a 15 años, mientras que en la Argentina, directamente aquellos no prescriben. Un misterio de la política o de una hábil retaliación? (https://www.clarin.com/mundo/ii-guerra-justicia-alemania-copada_0_Sy2ae9Y0.html)
Ignoramos que decisión adoptó Alemania, luego del 11 de noviembre de 1970, año de entrada en vigor de la Convención Internacional sobre Prescripción de estos delitos internacionales. Si adhirió Alemania a esta Convención internacional, sin reserva alguna es una cosa, caso contrario, podríamos aseverar que en territorio alemán, como ley más benigna, podría estar aplicándose el lapso modificado de 15 años.
Basta para ilustrar los casos de los militares alemanes, que escaparon a los juicios de guerra por todos conocidos, el del mayor general  Reinhard Gehlen quien fue promovido al rango de Mayor General y su tarea se concentró en la inteligencia contra la Unión Soviética y sus tácticas en el campo de batalla, como Jefe del departamento de "Fuerzas Extranjeras del Este" (Fremde Heere Ost), dedicado a evaluar la situación del enemigo en el Frente del Este. Esta información le sería de inconmensurable valor después de la guerra. En marzo de 1945, sabedor de que el fin del Tercer Reich estaba cerca, Gehlen y un pequeño grupo de oficiales microfilmó los archivos del Fremde Heere Ost acerca de la URSS y los puso en envases herméticos. Los envases fueron enterrados en varios lugares de los Alpes austriacos. Finalizada la contienda, este militar y los suyos ofrecieron los servicios a los E.E.U.U. rindiéndose formalmente a las tropas de este país. Negoció los secretos que habían ocultados las fuerzas de inteligencia, y los Aliados hicieron lo posible para eliminarlo a él y a otros centenares de militares en similar situación, de las listas de imputados. Los vaivenes de su actuación es largo mencionarlos aquí. Lo cierto es que finalmente terminó su carrera, como el titular de la Inteligencia alemana, hasta que se vio forzado a renunciar por cuestiones personales.  (Fuente: Wikipedia)

Por su parte en  (http://www.buscafortunas.com/siglo_xx/ex_nazis.htm) se afirma que “Cuando la guerra fría empezó, los americanos no sabían casi nada sobre su nuevo adversario. Las primeras informaciones de relieve las proporcionó el general Reinhard Gehlen, quien durante el Tercer Reich fue jefe del espionaje contra los rusos (Fremde Heere Ost). Gehlen se había rendido a los americanos en mayo 1945 ofreciéndoles su colaboración más todo su equipo y archivos. Durante los primeros años tras el final de la guerra, la mayoría de los datos americanos sobre los países del este de Europa procedieron de las fuentes de Gehlen. No tardó mucho Gehlen en recibir un sueldo fijo al ocuparse de la creación de su propio servicio secreto, la ORG (Organisation Gehlen), reclutando muchos veteranos experimentados de la SS, SD y Gestapo.”